Grigori Rasputín: figura religiosa y poder imperial

x_3240ece8Grigori Yefímovich Rasputín (bautizado el 22 de enero de 1869 según el calendario gregoriano; asesinado el 30 de diciembre de 1916) fue un campesino ruso que alcanzó notoriedad como místico popular, sanador por la oración y consejero informal de la familia imperial rusa. Su influencia se hizo especialmente visible a partir de 1915, cuando el zar Nicolás II asumió personalmente el mando del ejército y dejó el gobierno cotidiano en manos de la emperatriz Alexandra Fiódorovna.

La vida de Rasputín está rodeada de incertidumbres. Gran parte de lo que se sabe procede de testimonios tardíos, memorias interesadas y una abundante literatura polémica. Aunque su papel político fue con frecuencia exagerado, los historiadores coinciden en que su presencia en la corte contribuyó a aumentar la impopularidad del régimen imperial en un contexto marcado por la guerra, la crisis social y la desconfianza hacia la monarquía. Para amplios sectores, tanto conservadores como opositores, Rasputín llegó a simbolizar la decadencia del poder zarista durante la Primera Guerra Mundial.

Orígenes y juventud

Pokróvskoye, a orillas del río Tura, en 1912, con la iglesia construida a iniciativa de Rasputín.

Rasputín nació en Pokróvskoye, una aldea próspera de la Siberia occidental, en el seno de una familia campesina relativamente acomodada. Su padre ejercía funciones administrativas locales además de la agricultura, lo que garantizaba una cierta estabilidad económica. Fue bautizado al día siguiente de su nacimiento y recibió el nombre de Grigori, en honor a un padre de la Iglesia oriental.

Creció en un entorno rural aislado, con escaso acceso a la educación formal. Nunca asistió a la escuela, una circunstancia habitual en su región. Dentro de la comunidad era considerado un joven extraño, de comportamiento irregular, pero al que se atribuían cualidades singulares. Algunos contemporáneos recordaron sus gestos nerviosos y su mirada intensa, rasgos que más tarde alimentarían su reputación de hombre dotado de dones especiales.

Vista del monasterio de San Nicolás

En 1887 se casó con Praskovia Fiódorovna Dubrovina, con quien tuvo varios hijos. Tras algunos años de vida familiar, en 1892 abandonó de forma repentina su aldea y pasó una temporada en un monasterio de los Urales. Este episodio marcó el inicio de una transformación personal. Bajo la influencia de un ermitaño conocido como el hermano Macario, Rasputín adoptó un estilo de vida ascético, renunció al alcohol y a la carne, y desarrolló una intensa religiosidad personal. A su regreso, había aprendido a leer y escribir y se presentaba como un creyente profundamente renovado.

Hacia una religiosidad itinerante

Rasputín visitó en varias ocasiones el Monasterio de las Cuevas de Kiev, a miles de kilómetros de su aldea natal.

A partir de la década de 1890, Rasputín emprendió una vida de peregrinación. Se identificaba como un strannik, un caminante religioso que recorría monasterios y lugares santos, aunque regresaba periódicamente a su hogar para ayudar a su familia. Sus seguidores comenzaron a considerarlo un hombre santo, mientras que otros lo veían como un visionario excéntrico.

Rasputín nunca se presentó a sí mismo como un guía espiritual oficial ni como un monje. Su religiosidad se basaba en la oración, el ayuno y una relación directa con lo sagrado, alejada de la teología formal. Hablaba con dificultad, utilizaba un dialecto rural y raramente predicaba en público. Sin embargo, su carisma personal y su capacidad para impresionar a quienes lo rodeaban le abrieron las puertas de círculos religiosos y sociales cada vez más amplios.

Durante sus viajes pasó por Kiev, Kazán y otros centros espirituales del imperio. En San Petersburgo entró en contacto con miembros del alto clero y con aristócratas interesados en el misticismo y las corrientes espirituales no convencionales. Gracias a estas redes, en 1905 fue finalmente presentado a la familia imperial.

El sanador del heredero

Rasputín con sus hijos.

La reputación de Rasputín como sanador se consolidó tras sus encuentros con el heredero al trono, el zarevich Alexéi, que padecía una grave enfermedad hemorrágica mantenida en secreto. En momentos de crisis, cuando los médicos se declaraban impotentes, la intervención de Rasputín —a través de la oración y de su capacidad para tranquilizar a los padres— coincidió con mejoras notables en el estado del niño.

Estos episodios convencieron a la emperatriz de que Rasputín desempeñaba un papel providencial. A partir de entonces, su presencia en la corte se volvió habitual. Para algunos observadores, su influencia se debía a sugestión psicológica; para otros, a una combinación de intuición, autoridad moral y comprensión del sufrimiento humano. En cualquier caso, su cercanía con la familia imperial reforzó tanto su prestigio entre los creyentes como el rechazo de sus adversarios.

El sanador del heredero y el regreso a la corte

Alexandra Feodorovna con sus hijos, Rasputín y una institutriz en 1908
Alexandra Feodorovna con sus hijos, Rasputín y una institutriz en 1908

Algunos historiadores han sugerido que la eficacia de Rasputín como sanador pudo deberse, al menos en parte, a la interrupción de ciertos tratamientos médicos habituales en la época. Entre ellos figuraba la aspirina, ampliamente utilizada desde finales del siglo XIX, pero con efectos anticoagulantes que podían agravar las hemorragias internas. La suspensión de este medicamento, unida al reposo y a la calma impuesta a la familia, pudo contribuir a la mejoría del zarevich Alexéi durante sus crisis más graves.

En octubre de 1912, el heredero sufrió una recaída particularmente severa mientras se encontraba en Spała. Convencida de que la vida de su hijo corría peligro, la emperatriz recurrió de nuevo a Rasputín, que en ese momento había perdido influencia en la corte. Desde la distancia, envió un breve mensaje en el que exhortaba a no inquietar al niño con tratamientos agresivos. Poco después, su estado comenzó a mejorar de forma inesperada. Para la emperatriz y su círculo más cercano, este episodio confirmó la convicción de que Rasputín poseía un don especial y que su intervención había sido decisiva.

Los médicos de la corte mantuvieron una actitud escéptica. Algunos atribuyeron los resultados a factores psicológicos, como la sugestión o la capacidad de Rasputín para tranquilizar a los padres y al propio paciente. Otros señalaron que no existía prueba alguna de que recurriera a métodos ocultos, hipnosis o sustancias extrañas. En cualquier caso, la coincidencia entre su intervención y la recuperación del heredero reforzó su posición en la familia imperial y consolidó la confianza absoluta de la emperatriz en él.

Controversias y hostilidad creciente

Rasputín junto a Hermógenes e Iliodor, hacia 1906.

La llegada de Rasputín a los círculos cercanos al poder se produjo en un ambiente ya propenso al misticismo. En la alta sociedad de San Petersburgo existía un interés marcado por lo oculto, el espiritismo y las corrientes religiosas no convencionales. Antes incluso de conocer a Rasputín, la emperatriz había buscado el consejo de diversos visionarios y figuras religiosas marginales, con la esperanza de hallar consuelo espiritual y protección divina.

A partir de 1907 comenzaron a circular acusaciones contra Rasputín en ámbitos eclesiásticos y políticos. Se le reprochaba difundir doctrinas heterodoxas y mantener un comportamiento moralmente reprobable. Varias investigaciones oficiales no lograron demostrar estas imputaciones, pero contribuyeron a reforzar su imagen pública como personaje peligroso y desestabilizador. Mientras tanto, los intentos del clero local por disciplinarlo fracasaron, y Rasputín continuó gozando del favor de la familia imperial.

Hacia 1910, la prensa intensificó su campaña contra él. Se le acusó de ejercer una influencia indebida sobre mujeres de la aristocracia y de corromper la vida moral de la capital. Antiguos aliados se distanciaron, y algunos ministros intentaron impedir su presencia en San Petersburgo. Para aliviar la tensión, el propio zar alentó a Rasputín a emprender nuevos viajes religiosos, que lo llevaron por el Mediterráneo oriental y Tierra Santa antes de regresar a Rusia.

Acusaciones, rumores y desgaste político

En los años previos a la guerra, Rasputín se convirtió en uno de los personajes más controvertidos del imperio. Circularon rumores persistentes sobre su supuesta pertenencia a sectas religiosas marginales y sobre una vida sexual desordenada. Aunque no existen pruebas concluyentes de que fuera miembro formal de tales grupos, es posible que algunas de sus ideas sobre el pecado y el arrepentimiento reflejaran influencias de la religiosidad popular siberiana.

Estas sospechas dañaron gravemente su reputación. Incluso después de ser absuelto en investigaciones eclesiásticas, la sombra de la acusación lo acompañó hasta el final de su vida. Para muchos, Rasputín encarnaba una amenaza moral; para otros, era un chivo expiatorio útil en un contexto de creciente frustración social y política.

Tras la crisis de Spała, su influencia en la corte se vio reforzada. La recuperación del heredero fue interpretada como una validación de su papel de intermediario entre lo divino y la familia imperial. Sin embargo, esta posición privilegiada lo enfrentó aún más con el alto clero, la Duma y amplios sectores de la élite política, que lo acusaron de inmoralidad, herejía o manipulación.

En los debates parlamentarios se discutió abiertamente su comportamiento y su influencia. A pesar de las presiones para apartarlo de la capital o someterlo a nuevas investigaciones, el zar y la emperatriz continuaron protegiéndolo. Para ellos, Rasputín era un amigo fiel y un hombre santo; para sus adversarios, se había convertido en el símbolo mismo de la decadencia del régimen.

El heredero, la corte y la creciente oposición

Retrato de Grigori Rasputin (1910)

La reputación de Rasputín como sanador se consolidó a raíz de sus intervenciones durante las crisis del zarevich Alexéi, heredero al trono y afectado por una grave enfermedad hemorrágica mantenida en secreto. En varios episodios, su presencia —o incluso sus mensajes enviados a distancia— coincidieron con mejoras notables en el estado del niño, cuando los médicos se declaraban impotentes. Para la emperatriz Alexandra, estos hechos confirmaron la convicción de que Rasputín desempeñaba un papel providencial.

Diversas explicaciones han sido propuestas para estas recuperaciones, desde factores psicológicos hasta la interrupción de tratamientos médicos inadecuados para la enfermedad del heredero. Ninguna de ellas permite afirmar la existencia de poderes extraordinarios, pero todas coinciden en subrayar la capacidad de Rasputín para imponer calma y disciplina en situaciones de extrema tensión. Su cercanía con la familia imperial se vio así reforzada, en particular tras la grave crisis ocurrida en 1912.

Esta posición privilegiada despertó una hostilidad creciente. En los círculos políticos, eclesiásticos y aristocráticos de San Petersburgo, Rasputín fue percibido como un intruso peligroso, símbolo de la influencia desordenada y del descrédito del régimen. A partir de 1910, la prensa intensificó sus ataques, acusándolo de inmoralidad y de difundir doctrinas religiosas desviadas. Aunque varias investigaciones no lograron probar estas acusaciones, su reputación quedó profundamente dañada.

Rasputin en el hospital en 1914

Las sospechas sobre su conducta privada y su supuesta vinculación con sectas religiosas marginales circularon ampliamente, sin que existan pruebas concluyentes de una pertenencia formal. Estas acusaciones, repetidas y amplificadas, contribuyeron a convertirlo en una figura altamente controvertida, objeto de rechazo tanto entre los defensores del orden como entre sus críticos.

Tras la recaída del heredero en 1912, la influencia de Rasputín en la corte se vio reafirmada. Sin embargo, esta validación personal reforzó también la oposición contra él. En los debates políticos y en el seno de la Iglesia, Rasputín pasó a encarnar, para muchos contemporáneos, la decadencia moral y la incapacidad del régimen imperial para gobernar con autoridad en un periodo de crisis profunda.

La guerra, el aislamiento y el asesinato

Gorochovaia 64

El estallido de la Primera Guerra Mundial agravó las tensiones existentes en el seno del Imperio ruso. A partir de 1915, cuando el zar Nicolás II asumió personalmente el mando del ejército, la emperatriz Alexandra quedó al frente de la gestión cotidiana del poder. En este contexto, la figura de Rasputín adquirió una visibilidad aún mayor, no tanto por una influencia directa en las decisiones de Estado, sino por la percepción, ampliamente compartida, de que ejercía un papel decisivo sobre la emperatriz.

La entrada del apartamento de Gorochovaia 64. Rasputin, N º 20, estaba en el tercer piso con una vista en el patio, pero la estación de tren Tsárskoye próximo. Vivió este apartamento de 5 piezas a partir de mayo 1914 con unos dos criadas, una sobrina y sus dos hijas, que eran estudiantes de una de las universidades privadas de Petrogrado.

Rasputín se manifestó contrario a la guerra y advirtió de sus consecuencias para Rusia. Estas posiciones, unidas a su cercanía con el trono, alimentaron la hostilidad tanto de sectores conservadores como de la oposición política. Para unos, encarnaba una amenaza moral y religiosa; para otros, un obstáculo para la conducción eficaz del país en tiempo de guerra. Su figura se convirtió así en un símbolo de la crisis del régimen, más que en su causa real.

A finales de 1916, el aislamiento de Rasputín era casi total. En la corte, en la Duma y en amplios círculos aristocráticos se impuso la convicción de que su eliminación era necesaria para salvar la monarquía. Un reducido grupo de conspiradores decidió actuar, convencido de que su muerte permitiría restablecer la autoridad del trono y frenar el descrédito del poder imperial.

Post-mortem fotografía de Rasputin que muestra la herida de bala en la frente

En la noche de diciembre de 1916, Rasputín fue atraído al palacio de uno de los conspiradores bajo un falso pretexto. Allí fue abatido a tiros y su cuerpo arrojado a un brazo del río Nevá. La autopsia estableció que la causa inmediata de la muerte fue una herida de bala en la cabeza. Los relatos posteriores, cargados de elementos dramáticos, contribuyeron a la construcción de una leyenda que se apartó en muchos aspectos de los hechos comprobados.

El cadáver de Rasputin en un trineo.

El asesinato de Rasputín no produjo el efecto esperado por sus autores. Lejos de estabilizar el régimen, puso de relieve su fragilidad extrema. Pocas semanas después, la monarquía colapsó con la Revolución de Febrero de 1917. La figura de Rasputín, ya convertida en mito, sobrevivió al imperio que había intentado salvarse eliminándolo.


Recepción y construcción del mito

Rasputin en 1915

Tras su muerte, Rasputín fue objeto de una intensa reelaboración simbólica. Para algunos, se transformó en la encarnación del mal y de la corrupción del antiguo régimen; para otros, en un chivo expiatorio conveniente, sobre el que se proyectaron las culpas de un sistema en crisis. En ambos casos, su figura fue despojada de contexto histórico y convertida en caricatura.

La historiografía posterior ha tendido a separar la realidad documentada de las narraciones legendarias. Rasputín aparece así menos como un manipulador todopoderoso que como un personaje marginal elevado a símbolo por las circunstancias: un campesino religioso cuya presencia en la corte exacerbó tensiones ya existentes y cuya imagen fue amplificada hasta eclipsar los problemas estructurales del Imperio ruso.

La segunda (y tercera?) Bala vino de Vladimir Purishkevich

 

Percepción 

Rasputin era más polifacética y más significativo que los mitos que crecieron en torno a él:

  • Rasputin era ni un monje , ni un santo; él nunca perteneció a ninguna orden o secta religiosa, pero impresionó a mucha gente con su conocimiento y habilidad para explicar la Biblia de una manera sencilla. 
  • Se cree ampliamente que Rasputín tenía un don para curar dolencias corporales. “En la mente de la zarina, Rasputín estaba estrechamente asociado con la salud de su hijo, y el bienestar de la monarquía”  y con ganas de verlo como una tonta santa,  pero su enemigos lo vieron como una religión corrompida charlatán y un libertino .
  • Brian Moynahan lo describe como “una figura compleja, inteligente, ambicioso, inactivo, generoso en extremo, espiritual, y – por completo – amoral.” Él era una mezcla inusual, un mujik , profeta y [al final de su vida] un fiestero. 
  • “A primera vista Rasputin parece un símbolo de decadencia y oscurantismo , de la corrupción completa de la corte imperial en la que él era capaz de flotar a la parte superior. Así que por lo general ha sido tratada en los libros de historia. La tentación de revolcarse en la retórica de los bajos fondos en lo que describe es casi irresistible Y sin embargo la verdad es algo más simple:. Rasputin era sólo capaz de desempeñar el papel que lo hizo debido a la dispersión de la autoridad que en gran medida se profundizó después de Stolypin muerte ‘s, y debido a el aislamiento desconcertado y triste en la que la pareja real se encontraban “. 
  • “Para los nobles y miembros de la familia de Nicholas, Rasputín era un personaje dual que podría ir directamente de la oración por la familia real al burdel [casa de baños] por la calle “.
  • Según Eulalio él era “un hombre carismático y astuto, que aprovechara en gran medida sus” gente común “y el fondo sectaria para convertirse en un jugador importante en la escena política rusa”.
  • Los conspiradores, que no aceptaron un campesino estar tan cerca de la pareja imperial, tenían la esperanza de que la eliminación de Rasputín causaría la zarina a retirarse de las actividades políticas. También creían que Rasputín era un agente de Alemania, pero él era más de un pacifista , y se opusieron a todas las guerras. 
  • En Rusia, Rasputín es visto por muchas personas y clérigos ordinarios, entre ellos el fallecido Elder Nikolay Guryanov , como un hombre justo. Sin embargo, Alexis II de Moscú dijo que cualquier intento de hacer un santo de Rasputin sería “una locura” . 
  • Según Dominic Lieven “más basura se ha escrito sobre Rasputin que en cualquier otra figura en la historia rusa”.
  • Archiduque Francisco Fernando de Austria fue asesinado el domingo 28 junio 1914 ( Nuevo Estilo ); dos semanas más tarde Rasputin fue atacada en su pueblo natal el 29 de junio 1914 (viejo estilo ), por lo que no es “… una de las grandes coincidencias de la historia …”. 

En la cultura popular 

Después de su muerte las memorias de aquellos que sabían Rasputín se convirtió en una mini-industria.El sótano donde murió es una atracción turística. Numerosas producciones de cine y teatro se han basado en su vida. Él ha aparecido como una versión ficticia de sí mismo en muchos otros medios de comunicación, así como con varias bebidas que llevan su nombre.

Más artículos sobre Rasputin como bandas, cómics y otros productos que llevan su nombre en:

 

Galería 

  • Rasputin en su salón entre los admiradores; su padre (el cuarto desde la derecha) a principios de 1914, foto deKarl Bulla

  • Rasputin ojos penetrantes

  • Felix apartamento privado estaba en el lado este. Entre el sótano y sus habitaciones, a media altura, era una puerta que se abre a un patio. El patio (perteneciente Moika Embankment 92) y la puerta secreta (entre la primera y segunda ventana) se puede ver.  El patio está ahora ocupado por un patio jardín de niños al lado del palacio.

    Heat-única estación de la caldera de laUniversidad Politécnica de San Petersburgo Estado

  • Dibujo de Rasputin por Jelena Nikandrovna Klokatsjeva en el Estado Museo Hermitage

Notas 

  1. ^ Colin Wilson dijo en 1964 que “No figura en la historia moderna ha provocado una masa de literatura sensacionalista y poco fiable como Grigori Rasputin tal. Más de un centenar de libros se han escrito sobre él, y ni uno solo puede ser aceptada como una presentación sobria . su personalidad Hay una enorme cantidad de material sobre él, y la mayor parte está llena de invención o inexactitud deliberada la vida de Rasputín, entonces, no es la ‘historia’;. es el choque de la historia con la subjetividad “. 
  2. ^ El ex monje Iliodor había escrito un libro sobre Rasputín, que lo faculta “El Santo Diablo” (1914). Era una cuenta atroz y calumnioso alegando vínculos amorosos entre Grigori Rasputin y la zarina.
  3. ^ Esta discrepancia surge debido al hecho de que el calendario gregoriano no se introdujo en la Rusia soviética hasta 1918, ver las fechas de estilo antiguo y nuevo estilo .

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